lunes, 12 de marzo de 2007
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«¡Alegraos, atenienses. Hemos vencido!»
Filípides.






Los hechos posteriores de la primera de las guerras del Peloponeso (porque hubo otras tantas), los podemos remontar al instante en el que Temístocles pidió al Consejo de los Trescientos atacar a los persas en la isla de Salamina, en el estrecho de Egaleo, es decir, al año 480 a.C.

En el momento en que los atenienses tomaron esa decisión, optaron por una política agresiva y expansionista, que iba en dirección totalmente opuesta a la frívola intención de Esparta de mantener al mundo heleno encerrado a cal y canto dentro de la península de Grecia. Pues bien, después de que los atenienses derrotaron a Jerjes en Salamina, el futuro brilló promisorio para ellos, mientras que los espartanos hubieron de conformarse con las migajas de Platea. Las siguientes acciones de los posteriores quince años, marcaron la nueva decisión de los atenienses (bajo la tutoría de Cimón), de ser el nuevo poder hegemónico en toda la Hélade. Apenas un año después de la expulsión de Jerjes, Cimón arrebata a los espartanos los puertos de Bizancio y Eión, que eran importantes graneros laconios. También es fundada la Liga de Delos, que reúne Atenas bajo su seno a todos los aliados jonios y orientales, se apropia del Santuario de Delfos y forma una fenomenal flota, financiada con el dinero de los aliados que no estaban interesados en pelear (cosa que no los excluía de la liga). Así mismo, Atenas se arma. Comienza la construcción de la Muralla Larga y la fortificación del Pireo, hechos que Esparta solo podía interpretar de una manera: se preparaban para una defensa interna.

Ya con un pretexto, Esparta le dio el hecho consumado. Alentada por la llamada de auxilio de los beocios, los peloponesos y alguno que otro ático, Arquidamos lanza un ultimátum a Pericles el Viejo: desmantelar el Pireo, frenar la construcción de las Murallas Largas, indemnizar a varios integrantes de la Liga de Delos (conocida entonces como Liga Ática, ya que los únicos que peleaban eran los atenienses). Pero Pericles escuchó como escuchar la lluvia caer, y no freno el avance de su Estado por más mediación que pretendiera Esparta. Entonces Arquidamos convocó a la Liga peloponesia y a sus aliados, para hacer frente a la nueva amenaza imperialista ateniense. El 22 de junio (hecatombaión) del año 431 a.C. Esparta y sus aliados beocios, laconios y peloponesios (Tebas y Corinto, entre ellos) declaran la guerra a Atenas, que responde con una llamada igual de enérgica. Cuando Pritanes fue a Delos a consultar el Oráculo, la Pitia le declaró que Atenas se sumiría en una calámide que duraría «tres veces nueve años». Nunca se imaginaron que dicha profecía se cumpliría.

Autor Perieco
jueves, 02 de abril de 2009 | 5:35
GuiñoSonrisa Gigante Muy buena información Sonrisa